En medio de la árida meseta española, donde el horizonte parece extenderse sin fin y lo único que se asoma son puticlubs y gasolineras, surge una voz nueva que desafía la monotonía. Israel Merino, un joven escritor y periodista de Toledo, acaba de lanzar su segunda novela, Epifanía, un título que promete hacernos reflexionar sobre los monstruos que habitan tanto en el abismo del mar como en nuestra propia realidad.
Un viaje personal hacia la literatura
Merino creció rodeado de una planicie marrón que poco tenía de épico. “La vida aquí es un tirón a la basura de lo espectacular”, dice mientras recuerda su infancia llena de lecturas solitarias en la biblioteca del pueblo. Un niño alérgico a las pantallas y más amigo de las páginas amarillentas que del ruido del trap, comenzó su andanza literaria gracias a un profesor que encendió la chispa por escribir. Desde Stephen King hasta Galdós, sus referentes son tan diversos como sus experiencias.
A los 17 años ya había publicado un poemario lleno de rabia adolescente bajo el apellido materno, reflejando esa tensión familiar con su padre vendedor de zapatos y una madre maestra que no influyó en su carrera literaria. “Escribo para sentirme seguro; cuando hablo me trago las palabras”, confiesa Merino, quien encuentra en cada página una forma de canalizar sus ansiedades.
¿Pero quién es realmente este autor? Se describe como “un inadaptado” pero también como alguien consciente. En Epifanía, crea personajes descarnados como Marcos, un chico tímido que refleja traumas ajenos; algo así como un espejo roto donde se ven reflejadas nuestras propias inseguridades.
A pesar de su juventud, Israel ha trabajado arduamente para hacerse un nombre en el periodismo cultural. Después de fundar su editorial y publicar crónicas literarias, ha encontrado su espacio crítico donde mezcla música urbana con prosa incisiva. Su filosofía es clara: prefiere disfrutar de una buena charla acompañada de vino tinto antes que perderse en viajes turísticos sin alma.
Así es Israel Merino: un narrador moderno nacido entre lagartijas y faros apagados, soñando siempre con una vida estable lejos del caos neoliberal. Y aunque critica la falta de profundidad en el turismo actual, nos invita a descubrir los matices ocultos detrás del paisaje monótono al que todos estamos tan acostumbrados.

