En un clima de incertidumbre y tensión, la delegación de Irán ha comenzado su viaje hacia Ginebra este miércoles, donde mañana se llevará a cabo una nueva ronda de contactos sobre su programa nuclear. El ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, lidera el grupo que sale desde Teherán, y no es un viaje cualquiera. Viene cargado de amenazas del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha dejado caer la posibilidad de un ataque contra el país persa.
Araqi, antes de partir, dejó claro que «es posible alcanzar un acuerdo si la diplomacia es la prioridad». Un mensaje optimista en medio del ruido bélico que nos llega desde el otro lado del Atlántico. La portavoz del Gobierno iraní, Fatemé Mohajerani, también quiso subrayar que Araqchi había presentado un informe detallado sobre las discusiones previas al Ejecutivo. «Mañana habrá negociaciones en Ginebra, si Dios quiere», comentó esperanzada.
Tensiones crecientes y llamados a la paz
La ONU no se queda atrás y ha hecho un nuevo llamado tanto a Irán como a Estados Unidos para que continúen por el camino diplomático. El portavoz de la Secretaría General, Stéphane Dujarric, expresó su preocupación por el refuerzo militar en Oriente Próximo: «Estamos muy preocupados por la retórica beligerante». Y no es para menos; Washington ha aumentado su despliegue militar en la región mientras Trump lanza advertencias cada vez más contundentes.
A pesar de todo esto, hay desconfianza por parte de Teherán hacia unas conversaciones que ya fueron interrumpidas tras los bombardeos israelíes y estadounidenses en 2025, donde más de 1.100 vidas se perdieron en medio del caos. Irán sostiene que su programa nuclear tiene fines pacíficos y no ve con buenos ojos reabrir diálogos con alguien que ha demostrado ser tan volátil como Trump.
Las negociaciones indirectas están ahí, pero ¿será suficiente? Con todo lo que está en juego, parece que el futuro sigue siendo incierto.

