En los últimos meses, la escena bajo el puente que cruza la Vía de Cintura, justo a la altura del Estadi Balear, ha vuelto a cambiar. Después de que el asentamiento fuera desalojado por Emaya, tras las quejas de los vecinos sobre residuos y malos olores, parece que la vida ha encontrado una forma de regresar. Este invierno, bajo esa rampa que brinda refugio ante la lluvia, se ha reactivado una pequeña comunidad.
Los coches pasan velozmente a escasos metros, pero eso no detiene a quienes han decidido establecerse en este rincón. Desde hace unos días, es posible ver una pequeña tienda improvisada protegida con cartones y un colchón al lado. Y no muy lejos de ahí, varios objetos personales indican que hay alguien que llama hogar a este enclave vulnerable. Aunque han visto a otras personas merodear por allí, hasta ahora no han causado problemas.
La realidad del sinhogarismo
Es inquietante pensar en el peligro constante que enfrenta esta persona con el tráfico rodando tan cerca. Esta área está marcada en rojo dentro del mapa del sinhogarismo en nuestra ciudad. A pocos metros de distancia, bajo otro puente cercano al Rafal, se han instalado más personas buscando protección en un entorno hostil. Además, junto al polideportivo Germans Escalas ha surgido un asentamiento mucho más grande donde incluso han comenzado a cultivar huertos utilizando agua de la red de jardines. ¿Hasta cuándo seguiremos mirando hacia otro lado? Es hora de reflexionar sobre estas realidades y buscar soluciones reales.

