En la esquina entre las calles General Riera y Antoni Marquès, el viejo Bar Sagrera, un símbolo para muchos desde los años cuarenta, se enfrenta a una nueva realidad. Un promotor privado ha puesto sus ojos en este solar, ahora cerrado y olvidado por el tiempo, con la intención de levantar un bloque de pisos. Pero no todo es tan sencillo; la historia de este lugar está marcada por las normas urbanísticas que parecen jugar al escondite.
La batalla por la altura del nuevo edificio
La Comisión de Urbanismo del Ajuntament de Palma ya ha movido ficha y ha solicitado un informe a la Comisión de Centro Histórico y Catálogo. ¿El motivo? Parte de la fachada del antiguo bar está protegida, y el promotor quiere que su construcción se eleve más allá de lo que permite la normativa actual. En este rincón estratégico, hay potencial para añadir hasta ocho plazas en una parte del solar y seis en otra. Sin embargo, solo se permiten ocho alturas en la zona protegida.
Aquí es donde entra en juego la reciente ley del Govern de Marga Prohens sobre vivienda, aprobada el año pasado. Los responsables deberán valorar si esta ley abre la puerta a permitir más altura, considerando que justo al lado hay un edificio que alcanza diez plantas.
Pero mientras tanto, el viejo Bar Sagrera continúa su lento deterioro. La estructura está llena de vallas publicitarias y su fachada ennegrecida grita por ayuda tras años sin cuidado alguno frente a una de las arterias principales de nuestra ciudad. A medida que avanza este proceso administrativo, los vecinos se preguntan: ¿realmente necesitamos sacrificar otro trozo de historia por unos cuantos bloques más?

