En la bulliciosa calle Manacor de Palma, hay un lugar que se resiste al paso del tiempo. Se trata de Can Bibiloni, un taller donde el amor por las motos clásicas sigue siendo el motor principal. Maties Ferrer Bibiloni, su dueño, no se deja vencer por la jubilación y abre las puertas tres días a la semana. «Sin presión ni prisas», dice con una sonrisa, porque aquí, cada moto tiene una historia.
Un legado familiar lleno de pasión
Maties lleva 55 años inmerso en este mundo; empezó a los 15 y, aunque ya tiene 65 años, su pasión por este oficio brilla más que nunca. “Empezó mi tío Maties en 1956”, cuenta mientras acaricia una Vespa brillante que espera ser reparada. Los nostálgicos acuden aquí para dar vida a sus joyas sobre dos ruedas: Vespas, Lambrettas y Mobylettes son solo algunas de las bellezas que han pasado por sus manos expertas.
“Hay gente que pasa y dice que esto es un taller como los de antes”, comparte Maties, quien ha decidido reducir su carga laboral sin dejar atrás lo que ama. Aunque disfruta ahora de viajar y compartir más tiempo con su familia, siente nostalgia al pensar en cerrar esta etapa: “Me da pena dejar el negocio”.
Aquí no hay lugar para scooters modernas; el corazón del taller late por esas motos antiguas que requieren un cuidado especial. Maties habla con cariño sobre sus clientes habituales y aquellos nuevos que llegan recomendados. Esos momentos compartidos son lo que alimenta su amor por esta labor.
Aunque algunos recambios son difíciles de conseguir, siempre encuentra soluciones gracias a amigos como los de Casa Capó o Ciclos Mallorca. “Esto me da la vida”, confiesa mientras repasa las averías típicas: embragues desgastados o cambios de marchas rebeldes. La historia del taller está impregnada en cada rincón; incluso su esposa colaboraba en la tapicería, dejando huella en la memoria colectiva del barrio.
Con un horario más flexible ahora, Maties sigue haciendo magia con cada moto que entra en su taller. En Can Bibiloni no solo se repara metal; se preserva una parte esencial de nuestra cultura motera mallorquina. Este es un refugio para quienes desean ver rodar sus amadas motos clásicas por las carreteras isleñas y disfrutar del sabor añejo que sólo un lugar como este puede ofrecer.

