Los vecinos de Son Serra no pueden más. Cada vez que celebran una fiesta, los pequeños trozos de plástico terminan en la playa y, lo que es peor, en el mar. Esta situación ha encendido las alarmas de una comunidad que ama su entorno y ve cómo los residuos están convirtiendo sus aguas cristalinas en un auténtico vertedero.
Una llamada a la acción
Es triste ver cómo nuestras tradiciones, esas que tanto disfrutamos, acaban contribuyendo a un problema tan grande como la contaminación marina. «No podemos seguir tirando a la basura nuestros principios de cuidado del medio ambiente», dice uno de los residentes con pasión. Y tiene razón; no se trata solo de unas fiestas, sino del legado que dejamos a las futuras generaciones.
La situación es crítica: las reservas de agua están al 38% y solo Formentera se mantiene estable. Además, el crecimiento del turismo ha llevado a un monocultivo insostenible que amenaza nuestra biodiversidad y recursos naturales. Las depuradoras están al límite por la masificación turística y eso nos debería preocupar a todos.
Desde aquí hacemos un llamado claro: necesitamos cambios urgentes. No podemos permitir que nuestras costas sigan siendo el refugio de plásticos y desechos. Es hora de actuar y cuidar lo nuestro porque cada pequeño gesto cuenta.

