Entrar en la casa de Antonio Pérez es como atravesar un campo de batalla. Entre montones de escombros, suciedad y un desorden que parece no tener fin, se siente una atmósfera opresiva. A sus 70 años, este hombre ha tenido que lidiar con situaciones inaguantables en su hogar ubicado en la barriada palmesana de Son Gotleu. No solo debe soportar los malos olores que emanan de su vivienda, sino también el temor constante por su seguridad.
Una situación insostenible
Antonio ha estado inmerso en una pelea con el propietario de su piso, un hombre de origen pakistaní al que ha denunciado por acoso y amenazas. La razón detrás de esta denuncia no es menor: las obras realizadas dentro del piso han dejado un caos absoluto, con escombros regados por todas partes y muebles destrozados. Sin agua ni luz —«tengo que cargar mi móvil en casa de la vecina», confiesa— Antonio ha tomado la drástica decisión de dejar de pagar el alquiler.
Asegura que esa falta de pago ha provocado una reacción del propietario: «están destrozando la vivienda», le dijeron, argumentando que así actúan en su país contra quienes no cumplen. La noticia publicada recientemente sobre su situación tampoco le sentó bien: «No le gustó lo que mostramos, pero eso es lo que hay», dice con resignación.
Aunque aguarda noticias del juzgado y los servicios sociales, cuenta con el apoyo incondicional de sus vecinos. Sin embargo, a medida que pasan los días, el problema se agrava: una bajante expuesta provoca un hedor cada vez más insoportable. «Aquí huele a muerto, no se puede vivir. ¿No lo hueles?», grita desesperado mientras teme salir y descubrir que ya no puede regresar porque le hayan cambiado la cerradura.
A pesar del ambiente grisáceo y decadente en el que vive, Antonio se aferra a lo poco que tiene: una radio y su teléfono móvil son sus únicas ventanas al mundo exterior. Desde su pequeña terraza observa cómo las cosas están cada vez peor; incluso el techo da signos preocupantes. Un amigo suyo le ayuda a recoger los cascotes y guardarlos en bolsas para intentar dar algo de orden al caos.
Pese a todo esto, Antonio asegura sin titubear: «Pero yo no me muevo de aquí». Su determinación es admirable aunque triste; la pesadilla continúa para él en Son Gotleu.

