Palma

El sopar a la fresca del Born provoca pérdidas millonarias en las terrazas

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El pasado miércoles, el conocido ‘sopar a la fresca’ de Brunzit se convirtió en un imán que atrajo a más de 600 personas al Born. Sin embargo, esta celebración también dejó una huella negativa en los locales del barrio, con unas pérdidas estimadas de 30.000 euros en total. Bartomeu Mas, gerente de Mallorca CAEB Restauración, no pudo ocultar su preocupación: «Calculamos que han dejado de facturar unos 5.000 euros por local». Esta situación ha llevado a muchos restauradores a cuestionarse la viabilidad del modelo actual.

Un giro inesperado para el sector

La decisión del Ajuntament de Palma de negar el tradicional evento y convertirlo en una manifestación validada por la Delegación del Gobierno desató una serie de reacciones. Para evitar conflictos, la Policía Nacional sugirió retirar las mesas y sillas desde las siete y media de la tarde, dejando a los cinco establecimientos afectados sin poder operar durante horas críticas. Desde las diez de la mañana hasta ese momento, sus terrazas estaban listas para recibir clientes.

A pesar de todo esto, el éxito del evento fue innegable; el ambiente vibrante llenó el espacio con manteles y sillas ocupadas. «En el Born, donde los precios son más altos, hemos notado un impacto más grande», añadió Mas. En comparación, lugares como Plaza Drassanes sufrieron menos porque sus precios son más accesibles.

No podemos ignorar que los últimos meses han traído temperaturas extremas; esto ha hecho que muchos opten por disfrutar de las terrazas por la noche en vez de mediodía, cuando se genera más negocio. Brunzit tiene claro su propósito: recuperar estos espacios para la ciudadanía.

Las cifras son inquietantes si hacemos cuentas rápidas: desde 2015, cuando se aprobaron estas terrazas, los hosteleros han recaudado alrededor de 110 millones gracias a noches abarrotadas. Y mientras algunos celebran esos ingresos como una bendición económica para el barrio, otros no pueden evitar sentir que algo no cuadra.

Las críticas están surgiendo entre vecinos y consumidores sobre lo justo que es este modelo: ¿realmente beneficia al barrio o solo llena los bolsillos de unos pocos? Algunos piden inspecciones fiscales para aclarar cuántos beneficios reales están declarando estos restaurantes. Así están las cosas: cada vez hay más voces reclamando transparencia y equilibrio entre negocio y comunidad.

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