Toni Asensio, un isleño con historia. Desde sus días como jugador en el Atlético Baleares hasta su trabajo en hoteles de Dominicana y Cuba, ha vivido muchas aventuras. Pero hace dos décadas decidió dejar Mallorca atrás y empezar una nueva vida en Pereira, Colombia. Sin embargo, esta vez le tocó vivir algo aterrador: el reciente terremoto que sacudió la región.
El destino quiso que ese día se encontrara «en plena calle», un golpe de suerte que lo salvó de una tragedia mayor. «Si llegamos a estar dentro del apartamento, hubiera sido mucho peor», confiesa Toni, aún temblando al recordar esos momentos de horror. Tras el temblor, tuvo que evacuar su hogar debido a las grietas que aparecieron en los edificios. Ahora se encuentra en Viterbo, a unas dos horas de Pereira.
La incertidumbre tras el desastre
«Desocupar los apartamentos fue una decisión obligada», dice mientras recuerda cómo los bomberos e ingenieros le aconsejaron alejarse por precaución. Las grietas son visibles y alarmantes: «Cuando entras al comedor o a las habitaciones, ves que el televisor está a un metro de la pared…». La situación es surrealista y angustiante.
Toni no oculta su miedo: «Fue horrible. Creía que la tierra nos tragaba mientras veía caer cristales y ventanas». A pesar del terror vivido, ahora se refugia con vecinos amables en Viterbo, donde agradece la hospitalidad recibida.
Sin embargo, hay un peso en su corazón. El centro de Pereira solía ser un punto de encuentro para él y otros españoles desde hace veinte años; hoy está destruido. Con tristeza dice: «Menos mal que no estábamos allí… Me dolió verlo». Este mallorquín ha sido testigo involuntario de una tragedia que ha cambiado todo lo que conocía y donde buscó tranquilidad lejos de Mallorca.

