Los festivales de música veraniegos están en un momento crítico. Con el termómetro marcando cifras alarmantes, es evidente que el clima ya no es solo un tema de conversación; se ha convertido en un reto al que todos los organizadores deben enfrentarse. «Que aquí cada año hace más calor es clarísimo», dice Stefano Maccarone, director del Share Festival, y no le falta razón. Según el Observatori Fabra, este julio fue el más cálido de sus 113 años de historia. Imagínate: ¡más de 30 grados durante todo el mes!
Una nueva era para la música en vivo
Las altas temperaturas alteran nuestros hábitos, especialmente cuando hablamos de eventos al aire libre como los festivales. La preocupación crece por toda Europa y no solo porque la música en directo esté floreciendo económicamente; ahora se enfrenta a desafíos climáticos que obligan a repensar cada detalle. De hecho, un informe reciente de YOUROPE, donde están incluidos festivales icónicos como Primavera Sound o Mad Cool, señala que las condiciones climáticas son una prioridad creciente para los organizadores.
Y es que si echamos un vistazo a lo sucedido este verano, nos encontramos con cancelaciones y retrasos por doquier. El festival Defqon.1 en Países Bajos tuvo que suspender su evento tras una alerta roja por calor después de haber celebrado solo una jornada. O incluso festivales benéficos como Solidays se vieron obligados a hacer lo mismo en París.
Aquí en Barcelona también hemos tenido nuestras dosis de sudor y tensión: artistas como Shirley Manson y Brett Anderson comentaron desde el escenario sobre las inclemencias del tiempo durante sus actuaciones. A pesar de que la decisión final sobre suspensiones recae en el Ayuntamiento basándose en informes técnicos, muchos ven cómo cada vez más las altas temperaturas son parte del panorama habitual.
Y la pregunta flota en el aire: ¿será suficiente con medidas como aumentar las zonas de sombra o repartir agua gratuita para garantizar la experiencia del público? Algunos festivales están adaptando sus horarios y formatos ante esta nueva realidad climática.
Por ejemplo, Brunch Electronik ha tomado cartas en el asunto ofreciendo mejores espacios frescos y hasta crema solar gratuita para todos los asistentes. Pero aún así queda mucho camino por recorrer para asegurar que disfrutar de música al aire libre siga siendo viable sin arriesgar la salud del público.
Así pues, mientras algunos optan por cambiar fechas o ajustar horarios por razones climáticas, otros se dan cuenta de que esta adaptación va más allá; es cuestión de supervivencia. Como concluye François Jozic, director también del Sónar: «La adaptación al entorno debe ser responsabilidad compartida entre todos».

