En medio de la vorágine urbanística que azota Palma, el GOB se alza con una voz clara y crítica: «Quieren crear agua sobre el papel». Mientras la ciudad se prepara para un nuevo proyecto que promete añadir 10.000 viviendas, surge la pregunta del millón: ¿cada vecino realmente gastará un 20% menos de agua? Suena a una promesa vacía, como tantas otras que hemos escuchado antes.
La realidad detrás de las cifras
No podemos ignorar el hecho de que más de 145.000 isleños aún viven sin acceso a agua potable. ¿De qué sirve construir más casas si no garantizamos lo básico? Es como tratar de llenar un vaso con un agujero en el fondo. La izquierda pide al Gobierno que use las «herramientas» necesarias para frenar esta especulación desenfrenada, pero parece que sus súplicas caen en saco roto.
En este contexto, es vital preguntarnos qué futuro queremos para nuestra isla. ¿Un monocultivo turístico donde los intereses económicos priman sobre las necesidades reales de la población? No podemos seguir tirando a la basura nuestros recursos ni nuestras esperanzas. Palma merece algo mejor.

