En el tranquilo barrio de Can Pastilla, los vecinos han levantado la voz ante una situación que no pueden tolerar más. Las plazas de aparcamiento reservadas para personas con movilidad reducida se están convirtiendo en un verdadero campo de batalla cada fin de semana. Como bien señala una vecina, «hay noches en las que a la gente parece no importarle que haya señalización. Dejan sus coches ahí, y si les dices algo, se lo toman a mal».
Las calles, que deberían ser un refugio para quienes necesitan esos espacios específicos, están siendo invadidas por vehículos ajenos. Este problema no solo afecta a aquellos que dependen de esas plazas para acceder cómodamente a sus hogares o lugares de trabajo; es una falta de respeto hacia quienes han luchado por tener ese derecho reconocido. Un residente señala cómo esta situación se agrava durante los meses de verano, cuando el bullicio turístico hace más difícil encontrar un lugar donde estacionar.
Un clamor por soluciones
Desde la comunidad hacen un llamado claro a la Policía Local: “Necesitamos que vigilen estas situaciones con más rigor”. La frustración es palpable entre los habitantes del barrio, especialmente aquellos que viven cerca del mercado, donde también han denunciado robos y otros problemas asociados al desorden vehicular. El eco de estos reclamos resuena en cada rincón del barrio, evidenciando una necesidad urgente: respetar las normas y cuidar lo que es nuestro.

