Ligia Lilibeth Vásquez, quien ha hecho de Mallorca su hogar desde 2006, se encuentra en un mar de preocupaciones. Desde primera hora del jueves, su mente y corazón están con sus cinco hermanos y otros seres queridos en Venezuela. «Estoy muy preocupada, aún no sé nada de mi familia y amigos», comparte con un tono que refleja la tensión que vive. La incertidumbre se cierne sobre ella como una sombra.
La búsqueda desesperada
Con cada minuto que pasa, Ligia intenta contactar a los suyos para averiguar si han sido afectados por el devastador terremoto. «Tengo a cinco hermanos, sobrinos y amigos que dejé hace 20 años; espero que todos estén bien», dice con un hilo de esperanza en su voz. Lleva toda la mañana pegada al teléfono, esperando esa llamada que le traiga alivio.
A pesar de la preocupación máxima, trata de mantener la calma mientras sigue atentamente las noticias que llegan a España. «No hemos podido localizarlos porque están trasladándose de Carabobo a Caracas», explica angustiada, mientras cuenta cómo muchos se afanan por rescatar vidas entre réplicas y el miedo palpable por las pérdidas humanas. Ella confía en que los suyos estén bien: «Gracias a Dios todos están bien hasta ahora». Sin embargo, la falta de señal complica todo; está intentando comunicarse desde otra ciudad donde parece haber menos daños. Su lucha es también la lucha colectiva por salvar personas y recuperar lo perdido.

