El joven brasileño, acusado de intentar acabar con la vida de un hombre en Palma usando un sacacorchos, se sentó este martes frente al tribunal para contar su versión de los hechos. «Me negué a hacerle una felación, cogió un cuchillo y yo me defendí», fueron sus palabras, cargadas de tensión. Desde su arresto, ha estado tras las rejas, pero hoy se enfrentaba a la última sesión del juicio que podría cambiar su futuro.
Un giro inesperado en una noche cualquiera
Todo comenzó en la plaza de las Columnas, donde ambos hombres se conocieron apenas unas horas antes del altercado. Después de una invitación a casa y tras unos tragos —nada menos que alcohol, tusi y cocaína— la conversación se tornó oscura cuando surgió una disputa por un patinete. La víctima le mostró un cuchillo y todo se descontroló rápidamente.
«Le dije que me enseñara ese papel» —se refería a unos apellidos que le mostró la víctima— «y él respondió con una propuesta indecente». La reacción del acusado fue clara: no estaba dispuesto a aceptar esa presión. Pero lo que siguió fue brutal; el hombre lo agarró del cuello y lo llevó peligrosamente cerca de sus genitales. En un instante desesperado, decidió empujarle y así nació el caos: el agresor tomó un cuchillo y el acusado reaccionó como pudo con un sacacorchos que tenía en su bolsillo.
Cayendo ambos al suelo, se produjo el momento clave. «Le di una vez», confesó ante el tribunal mientras recordaba cómo todo había cambiado en cuestión de segundos. Una médico forense corroboró la gravedad de los daños sufridos por la víctima: tres heridas mortales en pecho, mano y cabeza. De hecho, fue tan crítica la situación que sufrió un paro cardíaco; sin atención médica urgente no habría sobrevivido.
A pesar del escenario desgarrador, también salió a relucir la acción del acusado al taponar la herida con ropa hasta que llegaron los sanitarios gracias a su propio aviso hecho por uno de los vecinos. Todo esto ha llevado a la Fiscalía a solicitar 15 años de prisión por tentativa de homicidio —un cambio drástico desde asesinato intentado— mientras que su defensa pide una pena mucho más leve: seis meses o incluso hasta año y medio como máximo.
A medida que avanzaba el juicio, quedó claro que esta historia va más allá de simples acusaciones; es un relato sobre decisiones fatales en momentos críticos donde nadie parece salir victorioso.

