El artista mallorquín Miquel Barceló está en el centro de todas las miradas, esperando con ansias saber si será el elegido para cerrar las obras de la emblemática basílica de la Sagrada Familia. Esta obra, diseñada por Antoni Gaudí, espera su nueva fachada principal que, como un fresco monumental, representará tanto el infierno como el paraíso. La tensión se palpa en el ambiente.
Una fecha histórica y un desafío monumental
Hoy, mientras la Sagrada Familia celebra el centenario de la muerte de Gaudí con una inauguración muy especial —la imponente torre de Jesús— hay rumores sobre qué pasará con esta obra inacabada. Con una misa y un espectáculo lumínico como telón de fondo, los asistentes no pueden evitar preguntarse si finalmente se dará luz verde al proyecto que todos esperan. La fachada de la Gloria es ambiciosa y queda por culminar; representa no solo el infierno y el purgatorio, sino también el anhelado paraíso que tanto soñó Gaudí.
Este coloso arquitectónico necesita 100.000 piezas para su finalización. El patronato ha encargado este titánico reto a tres grandes artistas: Cristina Iglesias, Javier Marín y nuestro querido Miquel Barceló. En diciembre pasado presentaron sus propuestas artísticas y defendieron sus ideas ante un exigente jurado en febrero. Se siente esa mezcla entre expectativa e ilusión.
Barceló salió «satisfecho» tras su presentación, lo cual es prometedor según los especialistas que le ven como uno de los favoritos para liderar este proyecto monumental. Su experiencia hablando a través del arte en iglesias es notable; desde su mural en la Catedral de Mallorca hasta sus proyectos en Notre Dame y Sicilia, él ha demostrado ser un verdadero maestro del color y las formas.
La maqueta que podría convertirse en realidad fue trabajada arduamente por Barceló en su taller en Vilafranca. Y aquí viene lo interesante: él mismo confesó sentirse como si hubiera estado preparándose toda su vida para algo así. Este trabajo podría llevarle 15 años; no es broma.
Xavier Martínez, director general de la basílica, nos recuerda que estamos hablando de un esfuerzo constructivo sin precedentes; más complicado incluso que levantar las torres originales. Pero eso no asusta a Barceló; más bien le motiva a desafiarse aún más.
Finalmente, imaginemos juntos cómo sería esa fachada: una alegoría del infierno abajo, seguida del purgatorio a nivel medio y arriba… ¡el cielo! Con 36 santos danzando entre escenas celestiales llenas de júbilo. Todo esto debe estar fielmente alineado con la teología católica pero adaptado al presente siglo.
Así que sí; hay mucha historia detrás del arte y mucho arte detrás de esta historia tan esperada.

