En una calurosa mañana de junio en Barcelona, nos encontramos con María José Llergo, la talentosa cantante cordobesa que ha estado reflexionando sobre su vida y carrera. Tras un año lleno de emociones intensas, ha llegado el momento de presentar su nuevo disco, ‘El Juego’, un trabajo que no solo refleja su esencia artística, sino también una crítica sincera a la industria musical.
Con una voz clara y decidida, María nos cuenta cómo ha desafiado las normas del sector. ‘Me llevo bien con el juego limpio’, dice riendo. Pero claro, las reglas absurdas que a menudo limitan nuestra autenticidad son otro cantar. Y es que ella misma ha sentido la crueldad de esta industria: ‘Aunque no te pase directamente, lo ves y duele’. Al final del día, lo único que busca es libertad creativa.
Una búsqueda constante de autenticidad
Pero eso no es todo; este disco también tiene mucho de sus raíces y experiencias personales. Durante el proceso creativo, María enfrentó momentos difíciles como la pérdida de sus abuelos. Sin embargo, en lugar de dejarse vencer por el dolor, eligió crear desde la belleza: ‘La vida es un juego increíblemente bonito’, reflexiona.
A medida que compartimos más risas y anécdotas sobre su viaje musical y personal, se hace evidente que cada canción tiene un pedazo de su alma. En este contexto también menciona cómo su paso por México influyó en su sonido actual; allí encontró nuevas formas de disfrutar creando música.
No hay duda de que María José Llergo es una artista con un propósito claro: ser fiel a sí misma sin importar las presiones externas. Consciente del impacto que puede tener como referente para los jóvenes de su pueblo en Pozoblanco, sueña con ver a más artistas surgir desde sus propias raíces rurales. Ella lo tiene claro: “El legado no se va a quedar en el Whatsapp”, asegura con determinación.
Cada palabra destila pasión por lo que hace y una necesidad palpable de romper barreras. Así es como esta joven cantante sigue emocionándonos mientras juega al arte; porque al final del día, todos necesitamos recordar esa niña interior llena de sueños e ilusiones.

