La presidenta del Congreso, Francina Armengol, ha hecho un llamado poderoso este lunes mientras el papa León XIV estaba presente. Su mensaje fue claro: hay que cumplir con las víctimas de abusos sexuales en la Iglesia. Habló sobre la necesidad de cerrar esa «llaga abierta» que tanto dolor ha causado a través de reparaciones e indemnizaciones. En su discurso, y como también lo hizo el rey Felipe VI días antes, se centró en el sufrimiento de aquellas personas que han sido olvidadas.
Un momento histórico y necesario
Antes de que el papa hablara ante las Cortes Generales, Armengol no perdió la oportunidad de recordarles a todos los presentes lo importante que es abordar este tema. Recalcó cómo el Congreso ha tratado repetidamente el asunto tras un informe riguroso del Defensor del Pueblo. Para ella, esto no solo es un deber democrático; es una obligación moral también luchar contra la pobreza y las diversas violencias que nos rodean.
Y eso no es todo. También defendió la dignidad humana, tal como hace el papa en su encíclica. Se refirió especialmente a las personas migrantes y los más desfavorecidos, recordando que debemos ser su voz en estos tiempos complicados donde reina la incertidumbre y la polarización.
En un hemiciclo lleno hasta los topes por este acontecimiento único, Armengol destacó que las palabras del pontífice serán un símbolo crucial para unir fuerzas en momentos adversos. No podemos permitirnos debilitar nuestras democracias; necesitamos abogar por valores como la justicia y la esperanza.
A medida que avanzaba su discurso, llamó a «restaurar» un orden internacional basado en leyes y no en fuerza bruta. La solidaridad y el humanismo deben prevalecer siempre. Y aunque hablemos de tecnología e inteligencia artificial, esas herramientas deben estar al servicio de la humanidad.
Así concluyó su intervención con una declaración firme: hoy reafirmamos nuestro compromiso con la paz, la igualdad, y sobre todo, con los derechos humanos. Porque al final del día, lo más importante es recordar que cada persona tiene una dignidad inviolable.

