En la tranquila barriada de Son Gual, ubicada a las afueras de Palma, se vive una situación que no deja dormir a sus residentes. La mezcla entre la okupación y la sensación de inseguridad ha crecido como una sombra en esta comunidad que, a pesar de estar alejada del bullicio, no ha escapado a este fenómeno que amenaza su calidad de vida.
A lo largo de los años, los vecinos han hecho sentir su voz ante un problema que parece olvidado por las autoridades. Con el presidente de la Asociación de Vecinos al frente, muchos han compartido su frustración por la escasa presencia policial. “Aquí no vemos a los agentes”, lamenta. “La falta de efectivos justifica esas apariciones esporádicas en nuestras calles”, añade con un tono que mezcla impotencia y esperanza.
Una realidad preocupante
El panorama se complica aún más cuando intentos de robos y casos de okupación comienzan a ser parte del día a día. Lo irónico es que mientras algunos se afanan por robar o invadir viviendas, hay quienes buscan comprar propiedades en esta zona. Un vistazo rápido a portales inmobiliarios revela anuncios tentadores: un piso con garaje o un ático están disponibles desde 440.000 euros en lugares como la calle Vallgornera. Pero claro, el problema es que esos potenciales compradores deben lidiar con la realidad incómoda del okupas.
A los gritos por mayor seguridad se suman otras denuncias sobre el estado del entorno. Los vecinos han notado cómo el abandono propicia que desechos y restos de obras acaben tirados en cualquier rincón. En cada paseo, sorprende encontrar bolsas llenas de materiales o electrodomésticos viejos escondidos tras unos arbustos; una imagen que poco tiene que ver con lo que debería ser un vecindario limpio y acogedor.
A pesar de las intervenciones ocasionales del servicio municipal Emaya, estos residuos siguen siendo parte del paisaje local, dejando claro que el desafío para mejorar Son Gual es aún muy grande.

