Miguel Segura, con el corazón roto, sostiene una foto de su padre en su móvil. A sus 97 años, el anciano falleció después de un trágico incidente en una residencia privada de Palma. Hace un mes sufrió una grave caída que lo llevó a urgencias, donde comenzó su declive. Ahora, su hijo busca respuestas ante la falta de claridad del centro sobre lo ocurrido.
El pasado 18 de abril, mientras las obras en la residencia avanzaban, Miguel escuchó versiones contradictorias sobre cómo se produjo el accidente. Al principio le dijeron que su padre había tropezado con un bastón; luego fue un cono. “A mi padre lo han matado y quieren taparlo”, expresa indignado durante nuestra charla.
Un relato que no cuadra
Recordando ese día fatídico, Miguel narra cómo su padre se recuperó momentáneamente y le reveló detalles inquietantes. “Un día en el hospital estaba nervioso y quería levantarse. Le dije que estaba flojo y podía caer otra vez”, cuenta. La respuesta le heló la sangre: “Yo no me caí… me cayó un bloque en la cabeza”, le confesó su progenitor, quien además aseguró que fue un albañil quien corrió a ayudarle.
Las dudas aumentaron cuando Miguel visitó la residencia poco después del accidente. El director y el jefe de obra lo llevaron al lugar donde supuestamente ocurrió todo, pero allí no había rastro de sangre; solo escombros y desidia. Tras dos días en el hospital y varias recaídas posteriores, recibió malas noticias: “¿Qué hacemos? ¿Lo dejamos morir?”, le preguntaron en la residencia cuando él insistió en llevarlo nuevamente al hospital.
A pesar de los 97 años que tenía, Miguel recuerda a su padre ágil para su edad: “Podría haber vivido unos años más”. Ahora se prepara para reunirse con el abogado Daniel Martínez Raso para iniciar acciones legales. “Quiero que esto no vuelva a pasar. Tienen a los ancianos ahí como si nada estuviera ocurriendo”, concluye con determinación.
La dirección del centro ha optado por guardar silencio ante esta tragedia.

