En el corazón del conflicto, las cifras nos gritan la realidad desgarradora: más de 3.200 muertos y cerca de 9.700 heridos. Esto es lo que han confirmado las autoridades libanesas este martes, un eco de dolor que no cesa a pesar del alto el fuego que se instauró a mediados de abril y que ha sido prorrogado en dos ocasiones. Desde el pasado 2 de marzo, el Ejército israelí ha lanzado una serie de ataques sobre Líbano que han dejado huellas profundas.
Un ciclo de violencia sin fin
El Ministerio de Sanidad libanés ha emitido un comunicado en el que señala con tristeza que hasta ahora han sido 3.213 personas las que han perdido la vida y 9.737, las que han resultado heridas por estos bombardeos despiadados. Este mismo día, los ataques en la localidad de Mashqara, al sur del país, se cobraron al menos doce vidas; aunque otras fuentes hablan de quince tras sumar los estragos en Habush y Sharnai.
Toda esta escalada comenzó cuando Hezbolá respondió con proyectiles a Israel luego del asesinato del líder supremo iraní, Alí Jamenei, por parte de Israel y Estados Unidos. Desde entonces, la respuesta israelí no ha hecho más que intensificarse. Aunque se llegó a acordar una tregua el 17 de abril, los bombardeos continuaron inexorables como si nada hubiera cambiado.
Parece que cada nuevo ataque solo suma sufrimiento y desesperanza a un pueblo ya muy golpeado por el conflicto. La situación actual es insostenible; mientras tanto, muchos nos preguntamos: ¿cuánto tiempo más podrá resistir Líbano ante esta tormenta? Las promesas de paz suenan vacías cuando vemos cómo las bombas caen sin piedad.

