La situación del Mallorca no puede ser más desalentadora. Después de otra derrota, esta vez ante el Levante, los jugadores han decidido que lo mínimo que pueden hacer es pedir perdón a sus aficionados. Y la verdad, ¿qué menos? Como bien dice Jorge Valdano en Movistar, estas escenas no le gustan nada. Pero en este caso, es un gesto que se vuelve imprescindible tras actuaciones tan desoladoras como las que hemos visto contra Getafe y Levante.
No hay duda de que los únicos que realmente pierden con esto son los aficionados. A pesar de lo que diga Antonio Raíllo a un seguidor bermellón después del partido, la realidad es que perder dinero y dejar de ganarlo son cosas muy distintas; ese matiz no se puede pasar por alto. Aquí todos sacan beneficio: jugadores, directivos y hasta periodistas. Pero el verdadero sacrificio lo hacen los hinchas, quienes tras ver cómo su equipo regala otra oportunidad crucial vuelven a casa agotados tras horas de viaje nocturno.
¿Quiénes deben pedir perdón primero?
Es innegable: el fútbol vive gracias a esa pasión única y al esfuerzo de la gente por unos colores y un sentimiento colectivo. Sin embargo, parece que en la planta noble de Son Moix han olvidado esa esencia. De hecho, quienes deberían disculparse antes incluso que los futbolistas son los directivos, empezando por Pablo Ortells. Su gestión del mercado de fichajes ha puesto al Mallorca al borde del abismo: el descenso a Segunda División está a la vuelta de la esquina.
No solo él; también hay que mirar hacia Alfonso Díaz, el CEO corporativo o como quiera llamarse. ¿Cómo es posible poner entradas a 80 euros para un partido donde los aficionados podrían estar viendo caer a su equipo? Es una auténtica falta de respeto hacia quienes apoyan incondicionalmente al club en las buenas y en las malas. La respuesta clara es: ellos dos son quienes primero deben pedir perdón, y una buena forma sería presentando su dimisión.

