En una madrugada que prometía ser tranquila, la avenida Gabriel Roca se convirtió en el escenario de un auténtico caos. Eran alrededor de las 06:10 horas del pasado 1 de mayo cuando un conductor boliviano, de tan solo 31 años, se lanzó a la carretera con una copa de más de lo recomendable. La Policía Local de Palma recibió la alarma sobre un choque múltiple que involucraba a tres vehículos. Cuando llegaron al lugar, encontraron un ciclomotor y una furgoneta dañados, pero el verdadero responsable ya había hecho las maletas.
A medida que los agentes comenzaban su investigación, algo llamó su atención: una matrícula tirada en el asfalto, como si fuera un trozo de evidencia dejado por alguien que no pensó que se le caería. Este pequeño detalle les permitió avanzar rápidamente; llamaron a sus compañeros para tratar de identificar al fugitivo. Testigos aseguraron que el ciclomotor y la furgoneta estaban parados correctamente ante un semáforo rojo cuando fueron embestidos por otro coche que circulaba como si estuviera en una carrera.
La búsqueda del culpable
Mientras los policías revisaban el lugar del incidente, recibieron noticias sobre el vehículo fugado. Había sido localizado a aproximadamente un kilómetro y medio del sitio original, justo en la curva de Peraires. Y allí estaba: un turismo con marcas evidentes del impacto frontal. Al comprobar la matrícula trasera, ¡sorpresa! Era la misma que habían encontrado antes tirada en el suelo.
El coche no podía moverse; claramente había visto mejores días. Al acercarse, los agentes identificaron al conductor y notaron su estado: presentaba síntomas claros de haber estado bebiendo. Un test de alcoholemia reveló lo innegable: 0,86 mg/l —tres veces más del límite permitido— lo que le colocó bajo las luces judiciales justo después de haber jugado al escondite con la ley.
Con todo atado y bien atado, la Sala de Atestados tomó cartas en el asunto y envió las diligencias pertinentes a los tribunales correspondientes. Mientras tanto, su coche fue inmovilizado y llevado al depósito municipal como recordatorio palpable del descontrol detrás del volante.

