Este miércoles, los habitantes de Santa Margalida se despertaron con una noticia desgarradora: un joven británico de 26 años había sido hallado muerto en una casa de alquiler vacacional. La escena era inquietante, con abundante sangre y cristales esparcidos por doquier. Un vecino cercano no pudo contener su relato, diciendo que había escuchado al grupo hablando sobre drogas tan solo un día antes del fatal desenlace.
Relatos inquietantes de la noche anterior
El testigo, que vio por primera vez a estos amigos el pasado sábado, aseguró que aunque parecían normales y tranquilos, lo que escuchó le dio escalofríos. “No dieron problemas”, comentó, pero la mención a sustancias estupefacientes lo dejó preocupado. En la mañana del día fatal, volvió a escucharles hablar en inglés sobre comprar una vivienda cercana.
Sin embargo, esa noche algo no estaba bien. Alrededor de las 02:00 horas, cuando el reloj ya marcaba tarde pero él aún no podía dormir, empezó a oír ruidos fuertes como si estuvieran taladrando algo. “Sentí mis paredes vibrar”, recordaba con angustia. Tras cinco minutos de caos sonoro, todo quedó en silencio y finalmente se durmió.
No todos los vecinos tuvieron la misma experiencia; otra mujer que salió a pasear a su perro poco después del amanecer no percibió nada extraño. A las 07:10 pasó varias veces por delante de la vivienda sin notar nada fuera de lo común.
A medida que avanzaba el día, la Policía Judicial de la Guardia Civil tomó las riendas de la investigación para esclarecer si esta muerte fue accidental o si hay algo más oscuro detrás. Alrededor de las 13:00 horas se levantó el cadáver y todos esperan ansiosos los resultados de la autopsia para entender qué ocurrió realmente aquella noche fatídica.
Las opiniones en el vecindario son claras; algunos expresan su desdén hacia aquellos que alquilan propiedades sin preocuparse por sus inquilinos. “Que no vuelvan”, resonaban algunas voces entre los vecinos preocupados.

