En el corazón de Palma, la antigua prisión no solo guarda historias del pasado, sino también un presente lleno de incertidumbre. Médicos del Mundo se ha alzado para desmentir la alarma lanzada por el Ajuntament, que habla de un posible contagio de hantavirus y peste debido a las ratas que merodean por el lugar. Martin Marión, su presidente en Balears, no se ha mordido la lengua: «El problema real aquí son las ratas, pero eso viene de una cuestión más profunda: la basura acumulada y la falta de limpieza».
Marión va más allá y critica con contundencia el informe que alerta sobre los peligros asociados a la cárcel: «Esto es solo una excusa para justificar el desalojo de los residentes. La OMS ha dicho claramente que el hantavirus es un brote controlado. Si así fuera, tendríamos que desalojar todos los lugares donde hay ratas». Su voz resuena con preocupación cuando plantea la realidad del desalojo: «¿Qué pasará con las 250 personas que viven allí? No hay planes concretos para ofrecerles una vivienda digna».
Desahucios y promesas vacías
A pesar de que la orden de desalojo se emitió hace más de un año, Marión señala sin tapujos que no se ha hecho nada efectivo para buscar alternativas habitacionales. «Desde marzo del año pasado han tenido tiempo suficiente, pero el Ajuntament no ha movido un dedo», lamenta. Este desalojo no solo pone en riesgo sus vidas materiales; también atenta contra sus trayectorias vitales. «Estar en riesgo de exclusión social puede llevar a muchas personas a buscar consuelo en el alcohol o sustancias», añade con tristeza.
Y aunque algunos podrían pensar que hay refugios como Sa Placeta o Ca l’Ardiaca, Marión advierte sobre lo inadecuado de estas opciones. «Cada noche están saturados y muchos deciden no ir porque las condiciones son inhumanas». Para él queda claro: “No existe voluntad real para encontrar soluciones”. El ciclo sigue girando y asegura que este desalojo solo trasladará el problema a otros lugares, creando nuevos asentamientos donde nadie quiere vivir.

