La decisión del Ajuntament de Palma de dar únicamente cinco días para que los residentes de la antigua prisión abandonen el lugar ha hecho estallar las críticas desde la izquierda. Angela Pons, de la PAH, junto a los vecinos afectados, no pueden más. Desde el PSOE, su concejal Xisco Dalmau lanzó un grito al aire: “¿Cómo puede ser que el alcalde ignore a quienes viven en esta antigua prisión y les dé solo cinco días sin ofrecerles una mano amiga?”. Esta situación refleja una falta total de humanidad. ¿Qué pasa aquí? No se trata solo de un desalojo, sino de vidas humanas sin alternativas.
Un clamor por soluciones reales
Dalmau continuó su discurso con rabia: “Prometieron buscar soluciones y no han hecho nada. Nada con entidades del tercer sector ni con la iglesia”. La frustración es palpable. Palma atraviesa una crisis habitacional alarmante y quienes residen en ese lugar no lo hacen por elección; están ahí porque simplemente no hay otra salida.
Miquel Angel Contreras, concejal de Més, también alzó su voz: “El PP lleva tres años gobernando y su balance en vivienda es desastroso: cero soluciones y más expulsiones”. Para él, estas son personas atrapadas en situaciones extremas que necesitan apoyo real, no persecuciones o marginaciones. “Cuando deberían encontrar ayuda y alternativas, solo reciben desesperanza”, añadió.
Lucía Muñoz, de Podemos, se unió al clamor general: “Desestimar las alegaciones es simplemente seguir adelante con un desalojo masivo sin garantizar alternativas habitacionales”. Con preocupación reflejada en sus palabras, destacó que “no podemos permitir que nuestra respuesta institucional sea siempre la amenaza policial”. Lo que realmente necesitan estas personas son soluciones dignas y un hogar donde vivir.

