El partido entre el Mallorca y el Valencia nos dejó con un sabor agridulce, como esos días en los que el sol brilla pero las nubes amenazan con cubrirlo. La clasificación manda y, lamentablemente, eso se traduce en una táctica conservadora que hace que muchos encuentros sean más aburridos que entretenidos. El aficionado mallorquinista lo pudo sentir, especialmente al ver a una seguidora con su gorro de pirata, un intento del club por darle vida a la jornada. ¿Por qué no llamarlo illa Pirata? Eso hubiera resonado mejor en nuestros corazones.
Un segundo tiempo lleno de oportunidades
Afortunadamente, la segunda parte fue otra historia. El Mallorca se lanzó al ataque y tuvo momentos claros para llevarse los tres puntos. Pero aquí es donde entran las malas decisiones: Jan Virgili falló y dejó escapar una victoria que parecía al alcance de la mano. Al final, el empate no es lo que todos deseábamos, pero tampoco es un mal resultado; ¡un punto siempre cuenta!
Mirando hacia atrás, hay que reconocerlo: el Mallorca ha cambiado. Juega sin miedo, buscando siempre la portería contraria y eso gusta a la afición. Sin embargo, este partido ante el Valencia debe servirnos para ganar confianza porque el próximo rival no será nada fácil: el Alavés ha mostrado su potencial desde la llegada de Quique Sánchez Flores y tenemos que ir allí con todas las ganas de ganar.
Los delanteros tienen que ajustar su puntería si queremos seguir soñando con mantenernos en Primera División. Este campeonato está llegando a su fin y cada punto cuenta; así que cruzamos los dedos para que nuestra próxima cita sea más dulce.

