Este domingo por la tarde, un suceso que podría parecer sacado de una película ocurrió en Palma. A las 18.35 horas, un hombre decidió entrar a un local oriental de masajes en la calle Miquel Marquès, acompañado por una mujer que actuó como cómplice. Lo que hicieron fue tan descarado como triste: robar un bote de propinas y una cámara de videovigilancia.
La escena no pasó desapercibida para uno de los vecinos, que con su teléfono móvil grabó todo lo ocurrido. Esa persona, al ver cómo el ladrón se encapuchaba con una sudadera verde claro antes del hurto y luego se cambiaba tras cometerlo, decidió hacer algo al respecto. Sin pensarlo dos veces, envió las imágenes a la Policía Nacional para ayudar a identificar a los delincuentes.
Una actitud vigilante ante el delito
La mujer quedó en la puerta, como si estuviera cuidando las espaldas del ladrón mientras este se apoderaba del botín. Tras consumar el robo, ambos huyeron rápidamente hacia la calle Aragón. Es alarmante pensar cómo hay quienes piensan que pueden salir impunes robando lo que no les pertenece.
La propietaria del local no podía creerlo; según sus palabras, en ese bote solo había algunas monedas. Un pequeño botín que sin duda tiene más valor sentimental que material para aquellos trabajadores dedicados a ofrecer sus servicios con esfuerzo y dedicación.

