MADRID 12 Oct. (EUROPA PRESS) – En un giro inesperado, el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, ha decidido que no se quedará de brazos cruzados ante lo ocurrido el jueves. Un hombre resultó herido por disparos durante una operación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), y la ciudad está lista para investigar a fondo todo lo sucedido en las 24 horas previas a este incidente. «Yo, junto con la comisionada de Policía y todo nuestro equipo, vamos a examinar cada rincón de esta situación: desde el momento en que ICE abrió fuego hasta cómo respondió nuestra Policía al caos que siguió», comentó Mamdani en una entrevista con MS NOW.
La seguridad de los neoyorquinos en juego
El alcalde no escatima en críticas; asegura que cuanto más tiempo operan los agentes del ICE en la ciudad, más insegura se vuelve la vida cotidiana. Y así se lo ha hecho saber al presidente Donald Trump y al secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin. Sin embargo, su mensaje parece haberse perdido entre líneas: «Para ellos, nada de esto es un problema», lamenta Mamdani.
La historia comenzó cuando Oscar Bergal, un joven dominicano de 28 años, recibió un disparo en Marble Hill durante una operación del ICE. Con más de siete balas disparadas por los agentes, uno impactó directamente en su cuello. La respuesta fue rápida pero caótica; imágenes muestran a Bergal esposado mientras los agentes intentaban controlar la situación. A pesar del pánico y el peligro, un niño de cinco años que viajaba con él salió ileso físicamente.
Por su parte, el ICE defiende su actuación diciendo que Bergal desobedeció las órdenes. Pero aquí es donde muchos comienzan a cuestionar: ¿es realmente necesario recurrir a las armas? Además, se revela que Bergal tenía antecedentes penales serios; sin embargo, eso no justifica la violencia desmedida. Lo cierto es que un juez federal ya bloqueó su deportación después del tiroteo y ahora se encuentra bajo custodia.
A medida que avanza esta historia inquietante, queda claro que la comunidad está cansada. La situación actual no solo pone en tela de juicio las políticas migratorias sino también cómo estas afectan nuestra seguridad diaria como ciudadanos neoyorquinos.

