Era un domingo cualquiera, el 10 de octubre de 1993, cuando la vida de Juan Ferragut Oliver, un querido taxista de 53 años, se apagó de manera brutal en la Plaza Gomila. Este hombre, que había dedicado su vida a transportar a los palmesanos y que era conocido por todos en la capital, quedó atrapado en una discusión absurda con dos jóvenes. La historia empezó a gestarse esa madrugada, cuando Juan se encontraba esperando clientes a las puertas del amanecer.
Una pelea fatal
A eso de las seis y media, todo cambió. Un momento de descuido y una puerta abierta sin mirar desencadenaron una acalorada discusión. Los presentes, testigos involuntarios de esta tragedia inminente, vieron cómo el empujón que recibió Juan lo hizo caer al suelo y golpear su cabeza contra la acera. La escena fue impactante; él quedó inconsciente mientras los agresores se convertían rápidamente en fugitivos ante la mirada atónita de los viandantes.
Los gritos y el caos no tardaron en llegar. La policía detuvo a Joaquín María P.R., de 28 años, y Jaime A.R., de 24. Esa misma noche, el juez José Castro tuvo que enfrentar un caso desgarrador: Juan Ferragut fue trasladado al hospital Son Dureta con un hematoma craneal devastador. Las horas posteriores fueron angustiosas; los médicos sabían que estaba luchando por su vida.
Lamentablemente, el desenlace llegó el 12 de octubre: Juan falleció debido a sus heridas. Esta tragedia no solo causó dolor entre su familia —su esposa e hijos— sino también entre sus compañeros del taxi, quienes recordaban otros casos similares donde profesionales del volante habían perdido la vida por culpa de la violencia nocturna.
A pesar del clamor social por justicia, las circunstancias del incidente no eran tan claras para el juez. ¿Fue realmente un intento deliberado de asesinato? Se descartó el robo porque todo lo recaudado esa noche permanecía intacto en su taxi. Sin embargo, liberar a los acusados bajo fianza generó una ola de indignación entre los colegas del fallecido.
En aquellos años noventa, Plaza Gomila era un lugar peligroso donde las peleas eran pan diario y las drogas asomaban por cada esquina. Aquella fatídica noche marcada por la muerte injusta de Juan Ferragut dejó cicatrices profundas y muchas preguntas sin respuesta sobre la seguridad laboral en este sector tan expuesto.

