En una noche que prometía diversión y tranquilidad, tres jóvenes disfrutaban de la playa en Can Picafort cuando todo se tornó oscuro. La madrugada del martes les trajo una experiencia aterradora, ya que dos hombres se acercaron a ellos pidiendo alcohol y un cigarro. Pero tras recibir un ‘no’ por respuesta, las cosas se complicaron. Los presuntos asaltantes, de 23 y 28 años, no dudaron en mostrar su lado más agresivo, lanzándose sobre las víctimas en un forcejeo que terminó con todos sufriendo lesiones leves.
Un descuido que cambió el rumbo
Pero aquí es donde la historia da un giro inesperado: durante el tumulto, uno de los delincuentes perdió su teléfono móvil. Sí, como lo lees. El dispositivo quedó olvidado entre la arena mientras los asaltantes huían con lo poco que pudieron arrebatarles. Y cuando los jóvenes recogieron el móvil, no podían creer lo que veían: ¡el rostro del ladrón brillando en la pantalla!
Aprovechando esa pista crucial, decidieron no quedarse callados y avisaron al 112. Con una rápida movilización de la Guardia Civil y la Policía Local de Santa Margalida, comenzaron una búsqueda exhaustiva por la zona. No tardaron mucho; pronto encontraron a los dos hombres despreocupados tumbados en unas hamacas cercanas.
Las víctimas no dudaron ni un segundo en identificarlos. Así fue como estos presuntos autores de robo fueron detenidos y llevados a comisaría para iniciar el proceso correspondiente por violencia e intimidación. Lo que comenzó como una noche cualquiera acabó convirtiéndose en una lección sobre cómo a veces un pequeño despiste puede llevar a desenmascarar a quienes intentan hacer daño.

