Este miércoles, el Colegio Oficial de Arquitectos de Balears se convierte en un auténtico viaje al pasado gracias a Rafa Forteza. Su nueva exposición, titulada ‘Cráneo’, es más que una simple muestra; es un reencuentro con obras que no veían la luz desde hace décadas. ¿Quién no ha deseado volver a vivir momentos pasados? En esta exhibición, Forteza lo logra al recuperar piezas que han permanecido guardadas en su estudio desde los años 90.
Un viaje a través del tiempo y las emociones
A través de esculturas, dibujos y obras sobre papel, Rafa nos invita a reflexionar sobre cómo el arte puede ser un eco del tiempo. La curaduría de Esmeralda Gómez Galera aporta una visión fresca, donde cada pieza dialoga con otra, creando un puente entre lo antiguo y lo contemporáneo. Y aquí no hablamos de una cronología rígida; más bien, se trata de reconocer cómo ciertas formas y gestos pueden resurgir en contextos inesperados.
‘Cráneo’ retoma esa esencia exploratoria que ya habían comenzado en proyectos anteriores. Pero esta vez hay algo más profundo: el cráneo como símbolo del paso del tiempo y como espacio donde las ideas toman forma antes de convertirse en algo visible. Es casi poético pensar que lo oscuro puede ser también un lugar fértil para la creatividad.
No podemos olvidar que esta exposición gira en torno a tres acciones fundamentales: girar, repetir y permanecer. Estas no son solo palabras; son acciones que reflejan la práctica artística constante de Forteza. Cada pieza seleccionada habla de volver sobre gestos pasados o dejar huellas visibles en el presente.
Las esculturas conocidas como ‘Las Cruces’, por ejemplo, regresan ahora con preguntas abiertas sobre su significado actual. ¿Acaso estas creaciones construidas con materiales hallados no representan el alma misma del arte? Más de tres décadas después siguen hablando y resonando con nuevas audiencias.
A medida que recorremos la exposición, es imposible no sentir cómo cada trazo y cada imagen cuenta una historia propia. Desde dibujos hasta collage, todo está entrelazado en una danza donde las ideas nunca están realmente separadas del proceso creativo que las ha gestado.
Así pues, esta muestra no solo nos lleva a redescubrir viejas obras; también nos desafía a cuestionar nuestra relación con el arte mismo. Como dice Rafa: «En la creación no hay parámetros fijos; todo surge del cráneo». Y eso es precisamente lo fascinante: cómo incluso lo aparentemente olvidado puede cobrar nueva vida ante nuestros ojos.

