Era una madrugada cualquiera, alrededor de las 4:30 del pasado 10 de septiembre, cuando un joven colombiano de 28 años decidió subirse al coche después de haber tomado unas copas. El destino no parecía complicado: dar una vuelta por las calles de Palma. Sin embargo, lo que iba a ser un paseo terminó con un violento choque contra un semáforo en la confluencia de Gabriel Maura y Aragó.
El impacto fue brutal; el coche quedó inmovilizado, con la parte delantera derecha destrozada. Rueda, dirección y hasta el parachoques sufrieron daños severos. Y es que cuando uno pierde el control tras beber, las consecuencias pueden ser desastrosas. Pero este hombre no se detuvo ahí; en su intento por escapar del lugar del accidente, su vehículo dio muestras claras de que ya no podía seguir adelante.
Una noche marcada por decisiones desafortunadas
Los agentes de la Policía Local llegaron rápidamente y enseguida notaron que algo no iba bien. El conductor presentaba claros síntomas de haber estado bebiendo. La prueba de alcoholemia confirmó sus sospechas: 0,84 miligramos por litro de aire espirado. Una cifra alarmante que supera más de tres veces el límite permitido y lo sitúa ante un posible delito contra la seguridad vial.
A pesar del desastre que había provocado, el hombre quedó libre como investigado pero no detenido. Las diligencias han sido enviadas a la Sección de Instrucción de Guardia del Tribunal, dejando a todos con la pregunta en el aire: ¿hasta cuándo seguiremos viendo casos así? En esta historia hay lecciones que aprender para todos nosotros.

