En una noche que prometía ser cualquiera, un pasajero nigeriano de 46 años se encontró en el ojo del huracán al aterrizar en el Aeropuerto de Palma. Venía de Bélgica, pero lo que traía consigo era mucho más que equipaje: más de un kilo de droga escondido entre sus entrañas. La historia comenzó cuando la Guardia Civil, la Policía Nacional y Vigilancia Aduanera recibieron alertas sobre un posible ‘mulas’ a bordo del vuelo procedente del aeropuerto de Charleroi.
Una detección inesperada
Los agentes, con la astucia propia de quienes están habituados a lidiar con estos casos, montaron un dispositivo para identificar al sospechoso en la terminal. Una vez localizado, lo llevaron a las dependencias oficiales donde le hicieron una prueba radiológica. Y ahí estaba la sorpresa: el examen reveló 109 envoltorios, dispuestos como si fueran piezas de un rompecabezas maldito dentro de su organismo.
A medida que avanzaba el proceso, los investigadores recuperaron cada uno de esos paquetes. El resultado fue impactante: se trataba de una sustancia blanca rocosa que parecía ser cocaína. En total, ¡un peso bruto aproximado de 1.353 gramos!
Ante esta situación tan delicada y por razones tanto legales como humanitarias, decidieron trasladarlo al Hospital Universitario Son Espases. Allí permaneció bajo vigilancia policial mientras esperaba expulsar naturalmente esos cuerpos extraños. Finalmente, después del proceso judicial correspondiente, se decretó su ingreso en prisión.
Esta operación es solo una más dentro del arduo trabajo conjunto entre los cuerpos policiales para combatir el tráfico de drogas que acecha nuestras islas. Un recordatorio claro: siempre hay alguien dispuesto a arriesgarlo todo por unos pocos euros, pero también hay otros dispuestos a detenerlo.

