La calma de la noche del 2 de septiembre se vio interrumpida en Manacor por un episodio escalofriante. Dos hombres, españoles de 27 años, fueron detenidos por la Policía Nacional tras amenazar a otros dos con una pistola y prender fuego a una vivienda okupada. Todo esto, por un ajuste de cuentas relacionado con drogas que dejó a muchos boquiabiertos.
Una llamada que desencadenó el caos
Imagínate la escena: son las 4:30 de la mañana y en una finca conocida como Casa Convent, donde no hay ni luz ni agua, dos hombres marroquíes de 34 y 45 años disfrutan de unas cervezas en el jardín. De repente, su perra comienza a ladrar; algo extraño está ocurriendo. Ven cómo tres coches entran a su hogar y, para su sorpresa, uno de ellos tiene a un conocido armado con una pistola bajando del Renault Clio.
Las amenazas comenzaron rápidamente. «Mohamed, sal que ya estoy aquí», grita uno mientras busca venganza por una deuda relacionada con drogas. Aturdidos y aterrorizados, los okupas huyeron entre matorrales al escuchar los gritos y las advertencias. No solo se enfrentaban a un posible ajuste de cuentas; había más en juego cuando se enteraron que uno de sus atacantes buscaba cobrar viejas rencillas.
En cuestión de minutos, el humo comenzó a salir del lugar que alguna vez consideraron su hogar. Cuando la policía llegó al sitio junto con los bomberos para sofocar las llamas, encontraron que todo estaba consumido por el fuego y no había rastro de vida dentro.
A pesar del pánico vivido esa noche, uno de los okupas recibió una llamada inesperada desde el coche policial: era uno de los agresores recordándole la deuda pendiente y amenazándole directamente. La situación era surrealista; estaba atrapado entre el miedo real y la locura absoluta del momento.
Los agentes decidieron actuar rápido e identificaron rápidamente a los presuntos responsables. Uno intentó escapar al interior de la celda mordiendo a un policía durante el forcejeo; fue justo entonces cuando quedó claro que esto no terminaría fácilmente.
A pesar de sus negaciones sobre haber iniciado el incendio –diciendo que estaban en casa con sus familias– uno fue puesto bajo custodia mientras otro quedó libre tras declarar. La historia aún no ha terminado para estos involucrados; Manacor ha visto lo peor del ser humano esta vez.

