En un giro inesperado de los acontecimientos, una mujer de 56 años ha dejado su huella en las calles de Palma, no por algo positivo, sino porque derribó nada menos que nueve motos aparcadas. Todo ocurrió en la confluencia de la avenida de Sant Ferran y la calle Pasqual Ribot alrededor de las cuatro de la tarde del 23 de agosto.
La protagonista del incidente, tras perder el control de su coche, aseguró a la Policía Local que se había deslumbrado por el sol. Afortunadamente, no hubo heridos que lamentar. Al parecer, esta mujer venía de trabajar y afirmó que no había comido nada en todo el día. Con diabetes como compañera constante, podría haber sufrido una bajada de azúcar justo antes del choque.
Un momento caótico
Los hechos fueron presenciados por una patrulla de la Unidad de Intervención Inmediata (UII), que se encontraba trasladando a un detenido. Al ver el siniestro, decidieron intervenir y alertar a las unidades de tráfico para gestionar lo ocurrido. Mientras tanto, efectivos de la Unidad Motorizada (UMOT) llegaron para regular el caos en la circulación.
Según testigos presentes en la escena, lo más sorprendente fue cómo la conductora no solo impactó contra una moto; tras el primer golpe decidió dar marcha atrás y siguió chocando sucesivamente contra otras ocho motos estacionadas. Una auténtica cadena del desastre.
A pesar del susto y los daños materiales provocados, lo más relevante es que las pruebas realizadas al volante dieron negativo en alcohol. Sin embargo, surge una pregunta: ¿hasta qué punto debemos considerar factores como deslumbramientos o bajadas de azúcar para justificar actos así? En cualquier caso, este episodio nos recuerda que nuestras decisiones al volante pueden tener consecuencias inesperadas.

