El pasado 25 de julio, el aeropuerto de Palma se convirtió en un escenario inesperado para una serie de intervenciones que dejaron a muchos con la boca abierta. La Guardia Civil y los funcionarios de Aduanas de la Agencia Tributaria se unieron para llevar a cabo un operativo que resultó en la aprehensión de nada menos que 12.237 cajetillas de tabaco. Un verdadero golpe al contrabando que nos recuerda cómo algunos intentan jugar con las reglas.
Detenciones y descubrimientos sorprendentes
Todo comenzó cuando los agentes detectaron a un pasajero lituano de 26 años que, tras aterrizar procedente de Uzbekistán con escala en Varsovia, intentó cruzar el recinto aduanero cargado con tres maletas repletas de sorpresas. Al abrirlas, encontraron 4.130 cajetillas, valoradas en unos 19.000 euros. Este joven no solo superó el límite legal establecido; su acto le costó una detención por un claro delito de contrabando.
No pasó mucho tiempo antes de que otro intento saltara a la vista: un pasajero polaco de 30 años trató también de salir sin declarar nada, pero su suerte no fue mejor. Dos maletas llenas hasta arriba contenían 2.000 cajetillas, lo que equivalía a unos 10.800 euros. Esta vez, la infracción administrativa estaba clara y el joven recibió su merecido.
Aún hay más: siguiendo pistas desde Madrid-Barajas, los agentes localizaron a cuatro viajeros desde Estambul, quienes llevaban consigo unas siete maletas repletas hasta los topes con tabaco turco. El resultado fue asombroso: 5.257 cajetillas, valoradas en más de 31.500 euros. Un auténtico monocultivo turístico del tabaco.
Todas estas acciones forman parte del compromiso continuo tanto de la Guardia Civil como del Servicio de Vigilancia Aduanera por mantener nuestras islas libres del contrabando y sus malas prácticas.

