Era una tarde cualquiera en Son Gotleu, un barrio palmesano que respira vida y comunidad. Sin embargo, el pasado martes 14 de julio, justo cuando el reloj marcaba las 15:35 horas, todo cambió por culpa de una batería eléctrica. La historia comenzó con un repartidor que, mientras trataba de cambiar una de las dos baterías de su bicicleta, la dejó caer al suelo y ¡boom! Una explosión repentina llenó el aire con humo y caos.
Los vecinos, esos que siempre están dispuestos a ayudar, no tardaron en reaccionar. Antes incluso de que llegaran los bomberos, muchos se acercaron corriendo para ver qué pasaba. Con cubos de agua en mano, lograron apagar las llamas que amenazaban con consumir un coche estacionado. “¡No podía creer lo que estaba viendo!”, decía uno de ellos mientras relataba cómo el repartidor intentó apagar el fuego a patadas sin mucho éxito.
La respuesta rápida ante la adversidad
Cuando finalmente llegaron los bomberos, se encontraron con un panorama algo más tranquilo. El incendio había sido sofocado gracias al esfuerzo colectivo del vecindario. Sin embargo, el asfalto aún mostraba evidencias del estallido: restos esparcidos por todas partes y un coche dañado en su parte frontal izquierda debido a la explosión.
Los agentes locales también hicieron acto de presencia para asegurarse de que no hubiera más daños en vehículos o edificios cercanos. Tras realizar algunas gestiones con la empresa de reparto para facilitar los datos del seguro del turismo afectado, los operarios de EMAYA se encargaron de limpiar la zona y devolverla a la normalidad.
Así es como una simple tarde se convirtió en una anécdota extraordinaria para los habitantes de Son Gotleu. Un recordatorio más de que juntos pueden enfrentar cualquier imprevisto.

