El pasado domingo, 28 de junio, Francesc, un vecino de Sineu de 64 años, se dirigió a una farmacia tras sentirse mal. Con fiebre y algo preocupado por su salud, decidió coger su coche y buscar el remedio que necesitaba. La suerte le sonrió cuando encontró una farmacia en Pina. Sin embargo, al aparcar frente a una cochera que no tenía vado ni indicaciones de prohibición, lo que parecía ser un día normal pronto se tornaría en una amarga experiencia.
A las 13:20 horas, después de comprar sus medicinas, se encontró con el propietario del garaje que desató toda su furia sobre él. «Estaba ‘hasta los cojones’ de que aparcasen en su puerta», recuerda Francesc visiblemente sorprendido por la reacción tan desproporcionada. El hombre no dudó en acercarse y empujarle con fuerza mientras le lanzaba gritos llenos de rabia.
Una intervención inesperada
Francesc intentó restarle importancia a la situación sugiriendo que el dueño quizás había estado expuesto al sol durante mucho tiempo. Pero lejos de calmarse, el hombre se volvió aún más agresivo: «Me pasó la mano por la cara». Fue entonces cuando apareció una mujer valiente que intercedió justo a tiempo y lo separó del agresor. A pesar de no querer denunciar inicialmente, el comportamiento desafiante del propietario hacia ella cambió la decisión de Francesc.
«Ella le dijo claramente que no tenía derecho a actuar así porque yo no había infringido ninguna norma», señala Francesc. Sin embargo, el hombre siguió desafiando la situación sin darle importancia alguna a las reglas básicas del civismo. Así fue como el lunes siguiente decidió poner una denuncia ante la Guardia Civil de Sineu; afortunadamente no sufrió lesiones graves.
«Creo que simplemente perdió los papeles. Era un hombre maduro y espero que reciba un buen tirón de orejas por parte del juez», comenta Francesc con resignación pero sin rencor.
A pesar del desagradable episodio, Francesc prefiere enfocarse en lo positivo: «Quiero agradecerle personalmente a esa mujer mallorquina con gafas quien me ayudó creando incluso un pequeño embotellamiento en la carretera para interceder por mí». Su gesto ha dejado huella y es ese tipo de humanidad lo que verdaderamente importa en momentos complicados como este.

