La tarde del 29 de mayo de 1992 se grabó en la memoria de Palma como una fecha oscura. Todo comenzó en un tranquilo rincón de La Bonanova, donde un joven notificador del Ajuntament, J.D.T., decidió acabar con la vida de un conocido al azar. Sin previo aviso, este chico, armado con un revólver, se acercó a un lujoso Mercedes y disparó sin compasión contra su ocupante, un joven palmesano de 28 años que no tuvo ninguna oportunidad.
Pero eso no fue todo. Tras dejar atrás esa escena dantesca, J.D.T. se dirigió al cine Metropolitan. Allí, sentado entre desconocidos y mientras todos disfrutaban de ‘El cabo del miedo’, decidió poner fin a su propia vida con el mismo revólver que había usado para matar. Nadie sabía lo que había llevado a este joven a convertirse en autor de dos muertes tan impactantes.
Una cadena de acontecimientos horribles
La tarde empezó como cualquier otra hasta que los gritos desgarradores de una mujer rompieron la calma; ella había escapado aterrorizada del coche donde sucedió el primer crimen y corrió hacia la autopista para buscar ayuda. Una vez allí, logró informar a las autoridades sobre lo sucedido. Mientras tanto, el caos comenzaba a desatarse; los cuerpos eran encontrados y las preguntas empezaron a surgir por todas partes.
A medida que avanzaba la noche, los investigadores confirmaron lo peor: dos vidas truncadas sin razón aparente. La mujer del coche no pudo aportar más información sobre el asesino o su víctima; solo sabía que apenas llevaba unos meses viendo al hombre al volante del Mercedes. Por otro lado, J.D.T., quien parecía tenerlo todo bajo control—una carrera estable y pasión por el tiro olímpico—luchaba contra demonios internos que nadie podía imaginar.
Los días pasaron y aunque las evidencias apuntaban hacia un acto aleatorio y sin motivos claros, muchos se preguntaban qué podría haber desencadenado tal locura. ¿Por qué disparar? ¿Por qué elegir ‘El cabo del miedo’ para despedirse? A pesar de los esfuerzos policiales por encontrar respuestas coherentes ante tanto horror, quedó claro que algunas preguntas jamás tendrían respuesta.

