La madrugada del pasado domingo, el Port d’Alcúdia se convirtió en escenario de una historia que no deja indiferente a nadie. Un joven marroquí de 26 años, al parecer con más ambiciones que sentido común, fue detenido por la Guardia Civil tras desembarcar de un ferry proveniente de Barcelona. ¿El motivo? Sencillo, pero escalofriante: 16 kilos de cocaína escondidos en su coche.
Un viaje lleno de contradicciones
A las 3:45 horas, los agentes ya estaban al acecho. Sabían que algo no olía bien cuando el joven apareció al volante de un BMW Serie 2. Las preguntas comenzaron y pronto quedó claro que la historia no cuadraba. Él afirmaba haber comprado el coche por 17.000 euros en efectivo, pero no recordaba ni el nombre del vendedor ni tenía papeles que justificaran la transacción. Para colmo, llevaba consigo 2.750 euros fraccionados. Algo huele a podrido aquí.
Las incongruencias fueron demasiadas y eso llevó a los agentes a tomar acción. Decidieron inspeccionar el vehículo y ¡vaya sorpresa! El perro detector marcó puntos sospechosos en la zona central del coche. Al abrirlo, encontraron que había sido manipulado; los raíles inferiores del asiento del copiloto tenían tornillos distintos a los originales.
Finalmente, tras una exhaustiva búsqueda, dieron con dos compartimentos ocultos donde hallaron ocho paquetes de cocaína que sumaban esos temibles 16 kilos. El joven fue llevado ante la justicia sin colaborar en ningún momento y ahora se enfrenta a un futuro incierto tras ser encarcelado.

