Fue una mañana de miércoles cualquiera en Palma, hasta que el caos se desató en plena Avinguda Portugal. Un joven de solo 22 años, navegando su patinete eléctrico, sufrió una caída que lo dejó inconsciente y convulsionando. El susto fue monumental; imagina ver a alguien tan vulnerable tirado en el suelo.
Pero aquí es donde entra la heroína de nuestra historia: una doctora que, aunque fuera de servicio, no dudó ni un segundo en correr hacia el chico. Con la calma que solo los verdaderos profesionales poseen, comenzó las maniobras de Reanimación Cardio Pulmonar. La imagen era desgarradora: el joven temblaba y su cuerpo parecía no responder tras recibir un golpe brutal en la cabeza.
El momento crítico
Aproximadamente a las 12 del mediodía, y gracias a la rápida intervención de esta doctora, llegó también una patrulla de la Policía Local, quienes continuaron con la reanimación hasta que llegaron los servicios de ambulancia. Todo esto ocurrió justo en medio del tráfico; era imposible mover al herido sin estabilizarlo primero. Mientras tanto, las unidades motorizadas se encargaban de redirigir a los conductores para evitar más líos.
Lo alarmante fue descubrir que el joven circulaba sin casco ni chaleco y aceleró cuando los agentes le dieron el alto. En cuestión de segundos, terminó chocando contra un coche aparcado y salió despedido varios metros hacia el asfalto. ¡Una locura! Según las pruebas realizadas por la policía, su patinete alcanzaba velocidades peligrosas: nada menos que 96 kilómetros por hora. Un verdadero riesgo para él y para todos los demás.
A día de hoy, este chico sigue ingresado en el Hospital de Son Espases mientras todos nos preguntamos: ¿hasta dónde llegaremos con estos monopatines? ¿No sería hora de pensar seriamente en cómo regular su uso? La comunidad tiene mucho que decir sobre ello.

