Gustavo, el hombre argentino que ha desaparecido desde el pasado 10 de mayo, es una figura querida en Son Ferrer. Verónica, su compañera de piso y trabajo, conoce de primera mano la tormenta que ha estado atravesando. Propietario del asador ‘La Cumbrecita’, Gustavo no ha tenido meses fáciles; dos empleados han caído enfermos y las deudas lo están atosigando. Verónica recuerda cómo el domingo anterior a su desaparición lo vio angustiado, atrapado en un ciclo de estrés que parecía no tener fin.
Una noche extraña y preocupante
“Ese día estaba raro, agobiado”, comparte Verónica con preocupación. Y es que solo tres personas estaban al mando del asador mientras los pagos pendientes se acumulaban. “Las cajas del día se van para cubrir a proveedores y otras deudas”. Es como si todo hubiera estallado para él. “Yo espero que haya querido escapar un momento, porque todos deseamos que vuelva”, añade su amiga.
Conocido por muchos en la zona, Gustavo dejó atrás a su familia en Argentina mientras lidiaba con la presión diaria del negocio. La mañana del lunes 11 fue particularmente desconcertante: abrió el asador pero luego desapareció sin dejar rastro. La alarma sonó en la cabeza de Verónica cuando notó que el bar seguía cerrado. “Primero pensé en un atraco, pero el dinero estaba allí”, dice al recordar esos momentos llenos de incertidumbre.
Sin embargo, otros testigos afirmaron haberlo visto entrar esa mañana. “Dicen que llegó sobre las 10:00 y tomó el bus 123”, relata Verónica, quien siente una profunda preocupación por su amigo. “Esto parece un grito desesperado; necesita ayuda”. Desde hace tiempo Gustavo vive sumido en las preocupaciones del negocio; ha sacrificado tanto por ello que ahora teme haber recaído en viejos hábitos dañinos.
“Es muy trabajador y siempre responsable, así que esta situación nos sorprende a todos”. Su deseo más sincero es recibir un simple mensaje: “Solo queremos saber que está bien, que sigue vivo”, concluye con la esperanza intacta entre sus palabras.

