En una sala de juicio que parecía no dar crédito a lo que escuchaba, la fiscal no se anduvo con rodeos. El hombre acusado de acabar con la vida de su exsuegra, una mujer de 74 años llamada Erika Rohrig, «es una persona diabólica». Vitor Aníbal, un portugués de 47 años, dejó claro que tenía el control absoluto sobre su víctima cuando le propinó patadas hasta causarle la muerte. ¿Cómo puede alguien actuar así?
Un acto de crueldad indescriptible
La fiscal relató cómo el agresor dejó a Erika indefensa en el suelo. La brutalidad fue tal que se preguntaba: «¿Por qué no acabó con ella rápidamente?». La respuesta era escalofriante: solo buscaba infligirle un sufrimiento prolongado y despiadado. La acusación ha elevado su solicitud a 25 años de cárcel, porque este crimen va más allá del simple asesinato; es pura maldad.
Las lesiones fueron devastadoras: fracturas en la cara y costillas rotas. Un testigo incluso afirmó que el acusado llegó a hacerse daño él mismo por los golpes desmedidos que propinó a su exsuegra. La fiscal reiteró su idea central: “Es la maldad personificada”.
A pesar de las excusas del acusado sobre estar bajo los efectos del alcohol, todos los testimonios apuntaron en dirección contraria. No había rastro de bebida en su aliento y estaba completamente consciente mientras cometía semejante atrocidad.
La defensa intentó alegar inocencia, pero eso chocó frontalmente con la realidad presentada por quienes conocían a Erika. Su abogada describió cómo Vitor eligió a una mujer vulnerable para llevar a cabo sus deseos crueles. “Quiso castigar a las mujeres que le ponían límites”, comentó visiblemente afectada.
Mientras tanto, el tribunal tuvo que lidiar con las interrupciones del acusado, quien desde el principio mostró poca consideración por lo que se discutía allí. En fin, estamos ante un caso desgarrador donde la justicia debe prevalecer para honrar la memoria de una víctima tan especial como lo fue Erika.

