Era un día cualquiera, pero para Charles Michael Gordon, un experimentado piloto de 59 años, y su hijo de apenas 13, el 2 de agosto de 2025 se tornó en una tragedia. En poco más de siete minutos, sus sueños de hacer acrobacias en el aire se convirtieron en un desastre que marcaría a muchos. El informe final de la CIAIAC ha revelado que todo sucedió por una maniobra arriesgada a baja altura y alta velocidad que terminó costándole la vida a ambos.
La última aventura
Todo comenzó como una emocionante jornada sobre las aguas del Port de Sóller. Con chalecos salvavidas puestos y con la ilusión brillando en sus ojos, padre e hijo despegaron al atardecer para disfrutar del vuelo que tanto habían planeado durante sus vacaciones. Sin embargo, según los testigos, lo que pretendía ser un espectáculo acabó en tragedia. Al realizar una pirueta a 90 grados, la punta del ala derecha tocó el agua y eso fue suficiente para desestabilizar la avioneta.
Imagínate esa escena: el impacto brutal contra el mar dejó a la cabina flotando solo unos segundos antes de hundirse a 35 metros bajo las olas, mientras los barcos cercanos luchaban por llegar a tiempo. Nadie pudo salvarlos; era como si el destino hubiese decidido cerrar este capítulo con una dureza desgarradora.
A pesar de no haber fallos mecánicos ni señales de auxilio previas al accidente, el informe señala factores como la luz del sol casi frente al piloto y las condiciones del mar como elementos cruciales. El momento del ocaso complicó aún más su percepción; ese último error trágico les costó todo.
Hoy seguimos asimilando esta dura realidad; cómo un momento puede cambiarlo todo. Y así cerramos uno de los episodios más oscuros en la historia aérea de nuestra isla. Una lección dolorosa que nos recuerda lo frágil que es la vida.

