La madrugada del 8 de septiembre, la plaza de las columnas fue testigo de un altercado que nadie esperaba. Dos hombres, ambos de nacionalidad colombiana, se encontraron en una discusión que rápidamente escaló hasta convertirse en una violenta pelea. Armados con una botella de cristal y un cuchillo, se agredieron mutuamente sin pensar en las consecuencias.
Mientras los agentes del Grupo de Atención al Ciudadano realizaban su ronda habitual, se toparon con uno de ellos tendido en el suelo, rodeado por un charco de sangre. Al acercarse, el hombre aún consciente les confesó entre jadeos que había recibido un navajazo tras un acalorado intercambio de palabras. ¿Quién podría imaginar que una simple discusión acabaría así?
Un ciclo violento
Poco después, otro aviso hizo que otra patrulla acudiera a la misma plaza. Allí encontraron a su compatriota también herido; presentaba lesiones en la cabeza y la espalda. Cuando le preguntaron cómo había llegado a esa situación, no dudó en señalar a su agresor: “Me dio un golpe con una botella”, explicó mientras intentaba contener el dolor.
Los policías, al ver la situación y comprobar que ambos habían resultado heridos mutuamente, decidieron actuar. Así fue como terminaron detenidos por ser presuntos autores de un delito de lesiones. Pero eso no fue todo; enseguida fueron trasladados a un centro médico donde recibieron atención para sus heridas. Un desenlace trágico para lo que comenzó como una simple disputa verbal.

