Era una tarde como cualquier otra en Campos, cuando un desolador suceso cambió la vida de una familia para siempre. Una viga en mal estado, que pasaba desapercibida, se convirtió en la culpable del derrumbe de una primera planta sobre un garaje. La tragedia se llevó por delante a un hombre de 83 años, dejando a todos conmocionados.
La voz de los bomberos
Xisco Bonnín, el jefe de los Bombers de Mallorca, llegó al lugar con la seriedad que requiere la situación. Mientras atendía a los medios en la calle Galatea, sus palabras resonaban con cautela: «Aún tenemos que averiguar lo que ha pasado». Esas simples frases nos recordaban lo impredecible y frágil que puede ser todo. Cuando las dotaciones procedentes de Llucmajor y Manacor llegaron al lugar, ya era demasiado tarde; el hombre había fallecido. «No hemos podido hacer nada más que sacarlo de debajo de los escombros», lamentó Bonnín.
A su lado estaban también técnicos municipales evaluando los riesgos tras esta tragedia inminente. Los bomberos no solo se dedicaron a retirar escombros; su labor incluyó apuntalar la vivienda para evitar más desastres. «Hemos estabilizado la casa y asegurado la zona», añadió Xisco, recordándonos que estos protocolos son esenciales cuando ocurren estas desgracias.