Horacio Espinosa, quien alguna vez fue moderador de contenido para Facebook, comparte su desgarradora experiencia en un trabajo que describe como una trituradora psicológica. Durante cinco largos años, se vio obligado a navegar por un mar de violencia y odio que inundaba las redes sociales. En una entrevista desde Barcelona, donde 2.000 personas como él luchaban contra el contenido tóxico, Espinosa revela que muchos de sus compañeros cayeron en la desesperación.
La cruda realidad detrás del monitor
“Había muchísimas bajas por salud mental; era una epidemia”, cuenta con sinceridad. La exposición constante a material perturbador dejó huellas profundas que perduran hasta hoy. Mientras tanto, sin darse cuenta, estaban alimentando la inteligencia artificial que ahora automatiza parte de su labor. Y es que enfadar a millones se ha convertido en el nuevo filón millonario de las redes sociales.
A pesar de los esfuerzos iniciales para luchar contra las fake news cuando abrieron sus oficinas en 2018, la situación cambió drásticamente tras el ERE que cerró su subcontrata. “Haces lo que puedes, pero te sorprende tu capacidad para seguir adelante. Es un autoengaño hasta que explota todo”, explica con tristeza.
No podemos ignorar el trágico hecho reciente: hace dos semanas, una exmoderadora se quitó la vida en Lyon y su familia culpa al estrés postraumático acumulado durante su tiempo en Meta. Horacio recuerda momentos aterradores enfrentándose a vídeos brutales: “No podía dormir durante días” y estuvo un año de baja por ansiedad tras ese episodio.
En su día a día, cada etiqueta y cada decisión eran escrutadas con severidad; debía alcanzar un nivel mínimo del 95% de precisión o podría perderlo todo. “Los mejores recibían más contenido violento”, detalla con un toque de indignación.
Muchos trabajadores han optado por permanecer en el anonimato debido a cláusulas restrictivas que les impiden hablar sobre sus experiencias. Sin embargo, Espinosa ha decidido alzar la voz gracias al apoyo de Data Workers’ Inquiry y ahora forma parte de una demanda colectiva buscando justicia por los daños sufridos.
“Estábamos entrenando a un robot”, reflexiona sobre cómo su trabajo iba más allá del mero filtrado; era parte esencial del engranaje detrás del funcionamiento actual de la IA. Al final del día, mientras otros creen ser héroes limpiando internet, algunos saben la verdad: están formando parte de algo mucho más complejo e inquietante.

