En una semana que quedará marcada en la historia, el Papa León XIV ha lanzado su primera gran encíclica, Magnifica Humanitas, un documento que aborda los riesgos de la inteligencia artificial (IA) desde una perspectiva ética y social. Sin embargo, lo que parecía ser un hito en el discurso eclesiástico se ha convertido en objeto de controversia, pues algunos analistas apuntan a que ciertos fragmentos podrían haber sido redactados o al menos asistidos por inteligencia artificial.
Dudas sobre la autoría
La inquietud comenzó a crecer tras un análisis de Linch Zhang, quien hizo saltar las alarmas al detectar patrones estadísticos en la versión inglesa del texto. Por ejemplo, el uso excesivo de guiones largos y repeticiones llamativas como la palabra genuinely, utilizada hasta nueve veces. ¿Es esto normal para un documento papal? La respuesta parece ser no.
Zhang también resalta el uso de estructuras tricolónicas, típicas en textos generados por modelos de lenguaje. Esta serie de indicios lleva a preguntarnos si realmente estamos ante una obra humana o si hay algo más detrás. Se sabe que Pangram, un detector comercial especializado en identificar textos generados por IA, encontró fragmentos con porcentajes alarmantes de contenido artificial.
Aunque esta tecnología no es infalible y no puede confirmar autorías definitivas, sus resultados son intrigantes. La compañía asegura que solo 1 entre cada 10.000 textos clasificados como IA resulta ser humano realmente. Así que nos queda esa duda flotando: ¿realmente es posible que parte del mensaje papal haya sido influenciado por algoritmos?
Aún no hay respuesta oficial desde el Vaticano y esta situación deja un sabor amargo entre los fieles y críticos por igual. Lo cierto es que el debate está servido y lo único claro es que esta encíclica ha abierto una caja de Pandora sobre cómo percibimos la relación entre humanidad y tecnología.

