En Sineu, la comunidad se encuentra en estado de shock. El emblemático forn de Can Caragol, que ha sido parte de la vida del pueblo durante casi un siglo, ha decidido cerrar sus puertas. «Tenc moltes ganes de poder dormir els vespres», confiesa su dueño, reflejando una mezcla de alivio y nostalgia. Con cada pan que salía del horno, no solo se horneaban baguettes, sino también recuerdos.
Un adiós lleno de emociones
La noticia ha caído como un jarro de agua fría entre los vecinos. ¿Cómo es posible que un lugar tan querido y tan arraigado en la tradición local desaparezca? Cada mañana, el aroma a pan recién hecho llenaba las calles y, ahora, esos momentos quedarán solo en la memoria. Sineu pierde más que un negocio; pierde parte de su identidad.
No podemos ignorar el contexto. Este cierre es otro síntoma del monocultivo turístico que amenaza nuestra esencia. Nos preguntamos qué será lo próximo; ¿veremos desaparecer otros pequeños negocios familiares? Es momento de reflexionar sobre nuestras prioridades y luchar por mantener vivas nuestras tradiciones. Porque al final del día, cada horno cerrado es una historia menos contada.

