La lucha por un techo digno en Palma parece no tener fin. Apenas 24 horas después de un desalojo que dejó a muchos sin hogar, los activistas han vuelto a plantar sus tiendas, decididos a hacer escuchar su voz. Esta vez, sin miedo y con más determinación que nunca.
Un grito de resistencia
Mientras las autoridades miran hacia otro lado, los acampados se sienten traicionados por el Ayuntamiento. Acusan a Cort de ser cómplice de ataques feixistes al quitar las vallas de autodefensa que habían instalado para protegerse. “No vamos a permitir que nos callen”, afirman algunos de ellos, llenos de rabia y esperanza al mismo tiempo.
En un momento en que la situación del mercado inmobiliario es insostenible—con el 40% de las viviendas vendidas en las Baleares siendo adquiridas por extranjeros—los lugareños se ven obligados a luchar cada vez más duro por lo que es suyo. Pere Duran, uno de los voceros del movimiento, lo deja claro: “Podríamos vivir como reyes aquí, pero acabamos arrastrándonos como miserables”. Una frase dura, pero tan real como la vida misma.
A pesar del desalojo y las adversidades, la comunidad sigue firme. Ahora estudian llevar a Cort ante los tribunales porque “la lucha no ha terminado aquí”. Y así es como se escribe la historia: con pasión, resistencia y una llama encendida en el corazón.

